Estás a tiempo

La tormenta estalló hace demasiados años. Demasiados como para seguir llamándola crisis pudiendo llamarla estafa o encerrona.

Primero fueron los meses de la incredulidad: el crucero español -el indestructible "Champions Lig Deluxe"- empezó a hundirse a un ritmo vertiginoso. Luego, cuando todavía luchábamos por salvar parte de la carga, comprobamos que no sólo era agua lo que nos tiraba hacia el fondo: la bodega estaba llena de un fango negro y espeso con un denso olor corrupción que daba arcadas. Y ese fango venía de fábrica. Pensábamos ir cargados de lingotes de oro descubiertos en primera línea de playa y resulta que íbamos de mierda hasta las trancas.
El Gobierno empezó a intentar achicar aquello como pudo pero las bombas eran de 1975 y estaban algo oxidadas. Se decidió no comprar nuevas bombas, de fabricación alemana, porque costaban un huevo, de fabricación china porque la calidad era dudosa y las americanas no se pudieron adquirir porque nadie en el gobierno hablaba inglés. Las vías de agua se acrecentaron ajenas a planes A, B, C, D y E -que empezáramos por el E ya es toda una señal de previsión y planificación- y el resto de países abrieron una porra para adivinar cuándo pediríamos los botes salvavidas. Con un pasado reciente cimentado en constructoras, lo lógico era un futuro inmediato nadando entre escombros y un futuro lejano emigrando en pateras aéreas lowcost en busca de hoteles que limpiar por cuatro cuartos.




---


Conozco a muchos jóvenes que han renunciado por completo a sus sueños. Los afortunados han quedado amarrados a un trabajo. Un trabajo "de lo que sea" mientras dé para comer. No tienen hijos, no se casan, no se emancipan. No se plantean buscar algo mejor, crecer, no montan su empresa, no hacen nada que no sea poner el culo y agachar las orejas. Renuncian por miedo, amedrentados por el martillo pilón de las cifras del paro. La cartilla del INEM es la espada de Damocles del siglo XXI. Esa terrible sensación de vértigo al pensar que si pierdes el trabajo no podrás encontrar otro. De allí el derrotismo laboral: para qué invertir y montártelo por tu cuenta si en esta monarquía bananera los que paguen, que no serán todos, lo harán como poco a 90 días; para qué cambiar de empresa si en todas me van a machacar. Para qué voy a hacer nada. Cuánto menos destaque, en menos fregados me meto. Voluntario, ni al rancho.

Eso los que tienen trabajo. Para los que no lo tienen -50% de los jóvenes- eso de perseguir sus sueños les suena a ciencia ficción. Quedarse en el paro es como caer a un pozo, a unas arenas movedizas psicológicas: cuánto más te mueves, más te hundes: "cien solicitudes enviadas y no me han llamado ni una vez; una carrera, un máster y no valgo ni para servir hamburguesas".

Entre unos y otros, somos un rebaño atenazado por el miedo. Atrapados por un marco laboral que pronto atraerá inversores extranjeros bajo el eslogan "cuesta lo mismo fabricar aquí que en China pero se come mejor, se bebe más y las putas las paga el ayuntamiento". Dominados por una generación de empresaurios sin peligro de extinción.

Quedan valientes que lo intentan. Dejan su trabajo, sacan los ahorros del colchón y salen a navegar por su cuenta. Algunos tienen éxito, otros se quedan por el camino, tirados sin ayuda posible -nada jode más al sistema que un capitalista en potencia fracasado- o reenganchándose al mercado laboral si tienen esa suerte.
Quedan valientes, sí, pero son minoría. Y nadie suele llamarlos héroes: cuando son pequeños son menospreciados por ser autónomos, cuando son más grandes son despreciados por haberse convertido en jefes. El jefe es por definición malo. Esa es la herencia del empresaurismo de los últimos lustros.

Por si fuera poco, España tiene al timón a un gobierno ramplón, mentiroso, un banco de peces gordos con escaño bailándole el agua a los tiburones bancarios. Una horda de enchufados dispuestos a cortarte la luz aunque te la generes tú solito. Matones de medio pelo empeñados en robarte el dinero del almuerzo con impuestos, cuotas y todavía tener la jeta de pedirte que les hagas los deberes y les votes cada 4 años. De la oposición ni hablo, no escribo con teclas de fogueo.
Tenemos una casta política en continuo reciclaje, ajena al desguace del tejido económico del país. Un sistema político de Fondo Norte y Fondo Sur capaz de reventar las pocas ilusiones que le quedaban a cualquier joven con ganas de dar guerra a base de remar mucho y echarle coraje.

Entre todos han minado tanto nuestra confianza que aunque saliéramos de la crisis mañana, el daño ya está hecho: se ha creado una generación de jóvenes muy bien formados para los que emprender y luchar por abrir nuevas sendas suena más a riesgo que a recompensa. El estigma de que es mejor encontrar un trabajo a crearlo desde cero se ha instaurado en la cabeza de demasiados. Mejor servir la hamburguesa que pensar en la receta. "Más vale curro en mano que sueño volando y recuerda: vaselina. Mucha vaselina".

Estamos en 2013 y llevamos tantos años hundidos -lo único que sigue a flote son los precios de los pisos- que a pie de calle se ha pasado progresivamente del pánico -justificado cuando todo empezó- a la esperanza -después de la tormenta llegarán los brotes verdes- hasta llegar a la indiferencia: la crisis ya es parte de la vida cotidiana, el paro es nuestro hombre del saco. Miras al suelo y no ves brotes verdes, sólo ves tu sombra languidecer de sol a sol. Te acostumbras al paso de las horas, al paso de los días. Una rutina de mierda es mejor que no tener rutina. Calla y apechuga.
Así es muy difícil marcarse rumbos ambiciosos. El pánico, la prudencia y la indiferencia nos llevan irremediablemente a la mediocridad.


---



Cada semana, cada mes, envejeces, te acercas al final. A tu final. Si no haces nada, morirás sabiendo que no luchaste. Serás recordado como un perdedor que no se presentó a la pelea. ¿Qué pasa? ¿Te molesta la idea? Enciende la tele y relájate. Tranquilo majete en tu sillón, que dirían los clásicos. Hasta nunca.

Si sigues leyendo, tenlo claro. No puedes bajar los brazos. No puedes permitir que los piratas e incompetentes que manejan el barco sigan empeñados en tenerte en galeras. Es hora de subir a cubierta. Aunque llueva, aunque el mar esté encabronado. Aunque el sol no haya vuelto a salir desde el 2007, aunque te empapes y pases frío.

Ahora. Demos un paso adelante. Reventemos esa zona de confort que se han inventado los golfos que lanzan sus redes y arramblan con lo poco que nos queda. Una zona de confort reducida, asfixiante, rodeada de vacío, desamparo, paro y miedo. Basta del agobio de cada día, basta de indiferencia por el futuro. Es hora de que arriemos velas ajenas e icemos las nuestras. Rememos en la misma dirección: la de un horizonte próspero sin líderes con garfios y cofres de tesoro suizos. La de una generación que sí quiere emprender, investigar, aprender, crecer, ganarse la vida dignamente con el sudor de su frente.

Hazlo en España, hazlo desde fuera. Pero hazlo. Hazlo: vive tu vida. Recuerda que triunfar no es amasar millones, triunfar puede ser tan sencillo como ser feliz, triunfar es saber que tú eliges tu rumbo. Sé honrado, valiente, decidido, perseverante.

Vuelve a soñar. Vuelve a pelear. Porque nadie te devolverá los días perdidos. Porque, la verdad, te sobran los motines.

Perdón, los motivos. En qué estaría pensando.



2 comments:

  1. Buenos dias Steve,

    Felicidades por tu post, me lo recomendó un amigo tuyo Pablo Ferreiro. Creo q voy a utilizar una de tus frases como lema:"Triunfar no es amasar millones, triunfar puede ser tan sencillo como ser feliz, triunfar es saber que tu eliges tu rumbo".

    ReplyDelete
  2. Ya era hora. Muy buen post.

    Saludos desde el otro lado del charco (Báltico).

    ReplyDelete

Preso de tus palabras. Guardián de tus silencios. Lapidado por tus comentarios. ¡Anímate!