18 February 2013

Ciencia ficción


El otro día tuve la inmensa suerte de encontrarme a Rodrigo Campillo en Helsinki. Fue pura casualidad, la verdad. Entré a Correos para mandar un paquete a mis padres -por ese precio quiero creer que lo baja alguien en persona cargándolo en una mochila de seda- y me topé con él en el torno de las postales. Lo reconocí pese a las gafas de sol y la gorra calada hasta las cejas. Rodrigo Campillo en persona.

Supongo que no necesita presentación pero estoy tan ilusionado que me tomo la libertad de recordaros parte de sus logros en unas pocas líneas. No entro en detalles técnicos por no alargarme.



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Tenía apenas 16 años cuando, gracias a un currito de verano en Redes Anselmo S.A., en Villena, un cazatalentos de Movistar descubrió que aquel chaval era especial.
Vaya si lo era.

Fichado como aprendiz durante el año siguiente para la subcontrata del servicio de mantenimiento de redes de la Provincia de Alicante -AlicaRed- su propuesta para aumentar la eficiencia de cobertura en zonas urbanas supuso toda una mini-revolución en el sector. Sobre todo, insisto, teniendo en cuenta su increíble precocidad.

Los años siguientes fueron los de su despegue. Varios éxitos en proyectos repartidos por la zona del Levante llamaron la atención de la prensa. Empezaron las comparaciones: el Bill Gates español, el Steve Jobs del Cabo de las Huertas. Cosas del estilo. Afortunadamente, la presión no supuso ningún impedimento para su progresión. Gracias a su incorporación definitiva a la Escuela de Talentos de Telefónica -que evidentemente no quería dejarlo escapar- se consolidó como referente de presente y futuro en el sector.

Incluso los más escépticos tuvieron que rendirse a la evidencia cuando en su segundo año como profesional a tiempo completo -tras graduarse con honores- su plan de estabilización de señales inalámbricas ayudaba a Telefónica a barrer a la competencia.

Sin embargo, sorpresa, en 2008 llegaba el pelotazo mediático con su fichaje a Vodafone en la operación más controvertida de las últimas décadas. Escándalo, mucho tumulto y bastantes salidas de tono -todo el mundo recuerda la cabeza de cochinillo que le lanzaron al pasar por delante del stand de Movistar en la MWC de aquel mismo año. Aquel cambio de aires coincidió con su noviazgo con la modelo Vanessa Lassera, recién fichada ella para desfiles de lencería de El Secreto de Victoria, y no fueron pocos los que vaticinaron la caída fulgurante de "un chaval mucho mejor que la media pero al que le ha fallado la cabeza". Se equivocaron.

Desde entonces ha seguido revolucionando todo cuanto ha tocado, consagrándose así como estrella ya no sólo del panorama nacional sino también a escala internacional. Contrato blindado, acuerdos publicitarios, prensa rosa, premios individuales y records empresariales.

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Estamos en la oficina central de correos de Helsinki, como decía, y no lo puedo resistir. Me acerco para pedirle, por favor, si me puedo echar una foto rápida con él. No solamente logro esa instantánea sino que tras charlar cinco minutillos decidimos tomarnos una caña en la estación, que queda al lado. Me cuenta que su tren hacia Tampere sale en una hora, que ha venido a visitar un par de centros de I+D de empresas locales -no da nombres- y que, por el momento, lo que ha visto de Finlandia le ha gustado.
Su naturalidad me desarma así que le confieso que pensaba que me mandaría a paseo por pedirle una foto. Al contrario, me dice, mientras sea con respeto, no hay motivo para hacerse el divo. Obviamente, no siempre puede pararse -sobre todo en España- porque si la gente se da cuenta se monta un pelotón de fans y al final siempre se queda alguien sin atender: "me sabe peor ese chaval con el que no he llegado a hacerme la foto que los cuarenta con los que sí me la he hecho. Pero es ley de vida. O ley de fama. Hay sitios en Madrid por donde ni me planteo pasear porque no puedo poner un pie sin que se monte un pitote. No me quejo, ojo. Algunas veces quisiera ser más anónimo, pero está claro que no me puedo quejar".

Nos vamos al Vltava, un bar con cervezas decentes. Pedimos un par de pintas checas de nombre imposible. Tienen que cambiar el barril, nos las traerán a la mesa. Seguimos charlando:

- Ahora que lo pienso sí es cierto que la prensa suele destacar que eres un tío cercano.
- ¿Por qué no? Me gusta charlar con los vecinos, pararme de vez en cuando a firmar autógrafos en algún lugar tranquilo, ver cómo la gente hace esfuerzos por entender mi trabajo y lo que significa. Me encanta ver a críos decirme que sacan dieces en mates o física porque quieren ser como yo. Es un orgullo.
- O sea que la fama no te molesta para nada.
- Vamos a ver. Son muchos años de carrera, de investigación, muchísimo esfuerzo, clavar codos y quemarte las pestañas. Algunos dicen que soy superdotado. Qué cojones. Lo que pasa es que llevo desde los 8 años apasionándome por la electrónica, la física y, más adelante, otras disciplinas que, bien conectadas, me han ayudado a llegar a donde estoy. La peña se cree que me saqué Teleco mientras miraba episodios de Los Simpsons, y no. O no siempre, jajaja. Así que la fama, molestarme, no, no demasiado. Me la tomo como una recompensa. Tuve la suerte de nacer en un país con una educación pública sólida porque mis padres jamás habrían podido pagarme un cole privado. Luego hubo becas, premios, muchos mecanismos para que yo pudiera salir adelante.
- Un sistema que invierte en...

El camarero me interrumpe al dejar las dos pintas sobre la mesa y consultar si queremos algo más. Le pregunto si tiene algo sencillito para picar. Cacahuetes, una bolsa de patatas fritas, sopa de ajo checa. No, gracias.

- Decía, es un sistema que invierte en futuro.
- Sí, rotundo. Es una satisfacción ver a colegas que vienen quizá de familias menos pudientes revolucionando sus disciplinas. Imagínate la pérdida que aquello habría supuesto sin esa inversión desde arriba. Para el país, para la sociedad en general. Estoy hablando de personas que generan riqueza científica, cultural y, en muchos casos, económica. La fama, en cierto modo, es consecuencia de todo ello: el estado invirtió en mí y ahora yo, aparte de mi trabajo, doy juego y paseo la "Marca España" por el mundo. No todos mis colegas quieren tanta coba, algunos la esquivan y siguen siendo unos fuera de serie.
- Hace poco salió Julio Correderas diciendo que a veces le parecía exagerada.
- ¿Julio? Bueno, es que Julio tiene que entender que con sus logros inspira a muchísima gente. El maldito alzheimer, fíjate. Le ha plantado cara y ha conseguido cosas que hace diez años eran pura utopía. La prensa, las fotos, el áltar al que te suben es algo totalmente consecuente con lo que has aportado a la sociedad.
- La fama como consecuencia de lo que aportas a la sociedad...
- Claro. Es que si me preguntas si me parece exagerada la fama, pues hombre, sí, a veces sí, pero mi trabajo también ayuda al panadero, al oficinista, al cartero... No quiero sonar chulo pero es que es verdad. Es normal que la gente y la prensa me sigan. Es lógico. Soy rico, guapo y buen investigador. Doy bastante juego. Además, permito a la sociedad vivir mejor y seguir avanzando en un mundo cada vez más tecnológico. Lo raro sería vivir en un país donde en una tasca de bar nadie conozca los nombres de, qué sé yo, diez o veinte tipos como yo ¡o mejores que yo! Lo raro sería que idolatraran a un futbolista, ¿no?

Le suena el móvil así que la conversación se queda colgada diez minutos. Habla un inglés impecable.

- Perdona, no era urgente pero era mejor contestar porque si no se me acaba acumulando todo y me toca trabajar hasta las tantas.
- Nada tranquilo. Estaba pensando en lo último que has dicho. Un futbolista entretiene a cientos de miles de personas. Para muchos críos seguro que es una referencia. Incluso es un refugio fácil para quien quizá no llegue a entender tu campo de trabajo.
- Claro, si no te digo que eso esté mal. Un futbolista representa el deporte y quizá valores como el esfuerzo, la superación y el trabajo en equipo quedan más patente cuando ves un partido y ves a los tíos sudando y bregando. Por suerte, creo yo, la sociedad tiene diferentes filtros para todo: deportes, folclore, televisión, a la vez que literatura, renovables, medicina... y me alegro que los que más presión recibimos en prensa, los preferidos por la gente, así, sin tapujos, seamos currantes en ciencias o Bellas Artes, con mayúsculas, no vayamos a confundir a cualquier cenutrio sobre un escenario con un Músico de pura cepa. En lo que a mí respecta, creo que nuestros logros realmente generan una continua mejora de la sociedad, un continuo avance de la Humanidad, sin prisa pero sin pausa. Te digo más: entiendo que una modelo, un torero, incluso un ganador de Supervivientes sean famosos o famosetes. Lo hablo con Vanessa de vez en cuando. Inspiran otra cosa, ofrecen un entretenimiento básico, más cercano a la calle de lo que yo hago. Tienen un perfil quizá más parecido a muchas personas que no entienden de lo mío. Lo que no aceptaría, imagínate, es que aquello derivara en marginarnos a nosotros. En olvidarnos.
- No entiendo a los que dicen que eres arrogante.
- ¿Me estás vacilando?
- No no, en serio. Ahora que te oigo explicarte, no sé. O quizá es que hay que ganarse el derecho a ser arrogante.
- Yo soy arrogante. Lo sé, lo acepto. Me encanta hablar con la gente de vez en cuando pero eso no quita que me defienda a muerte a mí mismo, a mi trabajo y a mis compañeros. Tampoco dudo en ponerme por encima de otras profesiones que gozan de "prestigio social" pese a ser opuestas al "prestigio real". Es lo que dices: para ir de gallito hay que ser capaz de mostrar resultados. A mí que un pavo que ganó Gran Hermano vaya de chulo por la vida, hombre, me cuesta. En cambio al que acaba de desarrollar un nuevo sistema para almacenar la energía solar más barato y de uso doméstico, mira, a ese tío ni le toso.

Nos traen la cuenta. Se me había olvidado que estaba sin pagar. La liquido yo, faltaría más.

- La verdad, me alegro muchísimo de ver que tu trabajo te inspira tanto y de que realmente llevas tan bien todo este circo montado a tu alrededor.
- A mi alrededor y al de otros cincuenta o cien compañeros en biología, aeronáutica, química, incluso otros campos como arqueología, no te doy nombres, ya sabes, historiadores, tantos más. Somos muchos los que nos tragamos las portadas del "Qué me cuentas" y del "10 minutos y medio". Formamos parte del tejido de I+D del gobierno porque, aunque ahora muchos estamos en lo privado, se ha invertido en nosotros y se quiere que seamos un ejemplo a seguir. Yo me apunto. Además, para los compañeros menos conocidos es una gozada: sales del país, dices que eres español y notas respeto, admiración. Hasta las empresas extranjeras vienen a implantarse en España para tenernos a mano. Y no somos mano de obra barata, ojo, porque se ha fomentado una competición sana y de altísimo nivel. ¿Qué más quieres?

Nos levantamos, su tren sale en veinte minutos y quiere comprarse un café para el camino. Me pregunto si ya ha probado el café local en los días que lleva aquí. Supongo que no. Si no, no entiendo su afán por repetir.

Le agradezco que hayamos charlado, le doy mi tarjeta -Steve Carrison punto com, bueno, pues ya te iré leyendo- y le deseo lo mejor para el resto de su estancia en Finlandia. Está a punto de marcharse cuando se da la vuelta y me dice:

- Mira, al final las sociedades tienden a repetirse. Si tus modelos son matemáticos, ingenieros, científicos en general, a la larga te será más fácil lograr una sociedad cultivada que trabaje por y para el desarrollo de nuevas ideas, tecnologías, soluciones. Empresas punteras, procesos eficientes, ser la referencia. Lo contrario no es viable. Un gobierno que no apoya a sus investigadores, una prensa que vende modelos que entretienen por fuera pero están huecos por dentro, ese es un país que hipoteca su desarrollo a lo que descubran los demás. Imagínate el retroceso, la dependencia. Y el drama: toda esa gente cualificada saliendo del país, diciendo que son españoles y recibiendo escepticismo a cambio. Si me das a elegir, puestos a currar como un animal para llevar a buen puerto mis proyectos, me quedo con la fama.


Ahora sí, se aleja, a por su café. Una cabeza tan bien amueblada y tan poco gusto para el café. Igual es que ha bebido tanto durante esas noches eternas dándole vueltas a problemas, teorías, hipótesis y soluciones, que ya le da igual.

Vuelvo hacia correos, a mandar el dichoso paquete. Voy sonriendo, da gusto encontrarte con compatriotas como Rodrigo cuando estás tan lejos de la tierra que te vio nacer. Ese chaval, te dices, representa muy bien a tu país: prensa rosa y mucho famoso pero también un plan de futuro, ideas claras, políticas de largo plazo. Qué gozada.

Dan ganas de hacer la maleta y volver lo más rápidamente posible. La de oportunidades que me estoy perdiendo. Lo que me iba a ahorrar en sellos.



2 comments:

  1. Por fin leo algo a favor de los que de verdad mejoran la sociedad y contribuyen al bienestar de todos los ciudadanos, incluidos los políticos, aunque tal vez no lo saben.
    El bajo nivel intelectual y moral de los que legislan hace que no se planteen políticas de largo recorrido, sólo importan los votos inmediatos.
    Te felicito sinceramente por el post. He disfrutado leyéndolo tanto por su contenido como por el lenguaje preciso @pilarcgz

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  2. Gracias. Tengo amigos que han tenido que emigrar para poder seguir trabajando en I+D y, la verdad, es una pena.
    Los efectos de esta política se notarán a medio plazo, suficiente plazo para que los partidos se echen la culpa el uno al otro y a otra cosa mariposa.

    S.C.

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