22 January 2013

La pereza del año nuevo


Si ya había gente que cuando arrancó 2012 decía que aquel iba a ser un año pésimo, imagínense lo que dirán ahora con uno que acaba en 13. Lo tienen a puntito de caramelo. Más aún si consideramos que las cosas en general, de doce meses para acá, mejorar, lo que se dice mejorar, pues no han mejorado mucho. Para qué engañarnos. Muchos problemas sobre la mesa y muchos sobres por debajo.



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No es sólo que ayer fuera lunes y que la semana se presente cargadita, es simplemente que he arrancado este año tarde y mal, con el gesto torcido y un sabor agridulce en el paladar. Pasé las fiestas en Alicante y coincidí con mi gente, mi familia, mi barrio. Muy maravilloso todo, muchas cañitas, cariño y calor pero la mitad de la gente en el paro, la otra mitad sacando dinero en B con proyectos sueltos y la mitad que me sobra malcobrando sueldos rácanos y aceptando que "dentro de dos meses" ya son planes a largo plazo. Unos pocos afortunados saliendo adelante holgados, eso no es un país, eso un castillo de naipes al que cada vez le tiemblan más los cimientos.

Con esos mimbres prefiero pasar un sábado cualquiera sacando al perro a treinta bajo cero y con cinco horas de luz al día que tomándome tres o cuatro rondas en manga corta en una terraza de la calle Castaños. Más que nada porque los lunes, ayer mismo, catalogados como Días Internacionales de La Realidad que te Alcanza, prefiero que me pillen en un sitio quizá más inhóspito pero con más futuro, más posibilidades o, al menos, menos grietas por sanear.
En fin, supongo que me repito y que, en el fondo, vengo a decir que mi admiración por los que se han quedado -forzada o voluntariamente- es directamente proporcional al odio y desprecio que profeso por aquellos que día sí y día también pretenden recortarnos ya no sólo el pan, sino también el circo, las aspirinas y los libros de Historia. Aquellos que indefectiblemente acaban nublando las dos semanas y media que pasé bajo el sol mediterráneo.

Vengo calentito, ya lo veis. Vengo calentito pese a que había perdido la esperanza en la salvación. No contaba con estar aquí, no pensé que tendría que volver a darle coba al teclado: el pasado 20 de diciembre me despedí discretamente de unos pocos y me metí en un búnker para esperar el tan manido fin del mundo de los Mayas. Agua embotellada, algo de embutido y muchas latas de conservas, incluyendo fabada importada para la ocasión -ya que nos vamos, que sea con buen ambiente. Tanta gente no puede estar equivocada, me decía. Después del fiasco del efecto 2000, este fin del mundo seguro que lo han previsto mejor. El día 22 por la tarde, al ver que no notaba temblores bajo tierra, que no olía precisamente a quemado y que todavía tenía cobertura -búnker finés, oigan- decidí asomar el hocico. Por ver si llovía azufre o había algún jinete del apocalipsis suelto. Algo, vaya, que indicara que pronto íbamos a dejar de fumar hasta los asmáticos. Le pregunté por Whatsapp a un amigo si se acababa el mundo y me contestó que Casillas era suplente en Málaga. Me volví a meter al búnker. Esa es señal inequívoca, me dije, de que esto revienta. Al final tuve que salir el 26, corto de víveres -mi esposa tenía razón, cuando no tengo nada que hacer me entra gula y mido mal las reservas- solamente para comprobar que las últimas nevadas habían enterrado nuestro Toyota Corolla ranchera del 98, gasolina, gris y oxidado, bajo otro medio metro de nieve. Del fin del mundo ni rastro. Vaya chasco.

- "Desentiérralo y vamos saliendo, inútil, que me he perdido la Navidad por tu culpa... Casarme con éste..."
No era el fin del mundo. Era una finlandesa cabreada. Mucho peor.

Una pena, la verdad, porque la gran ventaja del fin del mundo era ahorrarme la vuelta al tajo y las rebajas. O sea, "bueno, sí, palmo pero mira, eso que me ahorro". Sin embargo, aquí seguimos. Se conoce que en lugar de un fin del mundo rápido y drástico nos va a tocar seguir sufriendo una larga agonía. Nos vamos a hinchar a rebajas: rebajas en educación, en sanidad y en libertades. Nos toca apretarnos el cinturón para sacar adelante al país, al continente y quizá al planeta -al menos en la parte medioambiental vamos cuesta abajo y sin frenos. Qué pereza. Estoy tan hardo de hacerle boquetes al cinturón para ceñírmelo más que me estoy planteando usar tirantes.

Dicen algunos que la crisis se terminaría antes con un cambio de actitud, una visión más positiva y más ganas de solucionar, avanzar y crear. Que quizá deberíamos empezar a cambiar el chip durante este año. Pues repito: qué pereza. Quizá si los que mandan mostrarán visos de cambio de actitud, visión positiva y un mínimo de ganas de solucionar, avanzar y crear me costaría menos sumarme a la causa. Por el momento, me cuesta arrancar. Estoy más espesito que un batido de polvorones.

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El año acaba en 12+1. Los agoreros los tienen a huevo. Claro que bien pensado -y aplicando una visión más positiva- suerte que ya existe una mayoría de jóvenes, familias y currantes de a pie que ya están más tiesos que la mojama: es más sencillo afrontar el mal fario cuando uno no tiene nada que perder. Bien pensado, insisto, los que deberían preocuparse son los que cortan el bacalao, los que tienen poder, dinero y privilegios. Los que sí tienen algo que perder si no mejoran las cosas.

Según El País, siete de cada diez españoles creen que el país está al borde de un estallido social. Así que quién sabe, quizá lo que los Mayas no supieron rematar después de meter tanto miedo lo acabamos rematando los descendientes de la madre que nos parió.

3 comments:

  1. Es uno de los mejores textos que te he leído, así es que va por adelantada mi enhorabuena. Yo también he pasado las navidades en Alicante y, a pesar de que tenía ganas de ver a mi gente (aunque llevaba a penas tres meses sin ir), a los dos días me agobié un poco con la situación de la gente a la que quiero, y partí con cierta motivación por volver a mi nueva ciudad. No es que aquí tiren cohetes, pero a mí me está yendo bien (¡¡habemus curro, por cierto!!) y de momento quiero quedarme por unos meses más.

    Yo creo que España, de seguir así la cosa, tiene que estallar para dilapidar los lujos de los que nos oprimen. Dicen que a muchos de los oprimidos no les disgustaría ser opresores; será cierto, que el hombre es hombre al fin y al cabo, pero eso no justifica esta sangría.

    Abrazos y magia, ¡que falta que hacen!

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  2. Hola Crack,

    Gracias, mira que me ha costado escribir esta vez. Mucho trabajo, mucho frío y un mes que nunca me ha motivado demasiado. Supongo que todo es ponerse.

    Me alegro de ver que las cosas te van bien y espero que, más que opresores y oprimidos, lo que surja en el futuro sean oportunidades para mejorar.

    Un abrazo!

    S.C.

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  3. Acabo de leer un artículo y de verdad que me ha encantado...
    Yo aún sigo sin entender la cantidad de gente joven que sigue aquí sin un futuro, y no me refiero sólo al trabajo sino a la posibilidad de formarse..., me da mucha pena...
    Pero, curiosamente, a pesar de los miles de escándalos políticos, de que probablemente muchos de los jóvenes no puedan acabar sus estudios si una asignatura se les atasca y tienen que pagar cantidades desorbitadas por ella, y claro, su unidad familiar no va a poder asumirlo...ni ellos bucarse un trabajo para costearsela,recortes en educación, bajada de sueldos, aumento de jornada laboral...
    A pesar de todo, sólo he visto en dos ocasiones a todo el pais manifestarse al unísono y salir de sus casas...curiosamente fué cuando ganó la selección... en fín... a veces creo que tenemos lo que nos merecemos... supongo que yo debo ser muy feliz porque ganó España, no?
    Muchos saludos!
    Anabel

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