Cinco millones de parados son demasiados para no
plantearse hacer las maletas. Cerrar el petate y cruzar la frontera sin saber
qué te deparará el futuro. Los últimos cuatro años han sido aciagos y el 2013
no apunta mejores maneras.
Muchos creen que para marcharse hay que tenerlos
bien puestos. Hablan de coraje, arrojo y tesón al referirse a los que nos buscamos las habichuelas en Londres, Helsinki o Berlín. Otros tantos critican este
éxodo, “lo que hay que hacer es quedarse y levantar al país”. Lo cierto es que
esto de salir de tu tierra con una mano delante y la otra detrás refleja a la
vez ambas opiniones: sí, es una posible conquista por una vida mejor a la vez
que representa una huida ante la desazón que produce un futuro
aparentemente gris.
Luego, una vez fuera, hay quien se asienta en el extranjero
y hay quien regresa a su casilla de salida. Hay quien añora cada mañana su sol
mediterráneo, andaluz, gallego o extremeño y hay quien le coge cada día más
rabia. Hay de todo.
Un servidor sabe perfectamente lo que es
estar lejos. Lo difícil que es asentarse. Encontrar el primer trabajo, hacerte
un hueco en un mundo nuevo. Las noches en vela pensando que no lo conseguirás.
Las llamadas a casa mintiéndole a tu madre, “todo genial, ya me llamaron para
dos entrevistas y como casi como en casa”.
La empatía que en mí despiertan aquellos que se
lanzan a la aventura y vienen buscando consejo es indescriptible. Sobre todo
aquellos que además de apuntar a Finlandia tienen la misma edad que yo tenía
cuando eché a volar. El desparpajo de algunos fulanos que alguna vez me han
contactado para “ver cómo estaba el tema del
trabajo, yo hago lo que sea,” es algo que siempre me arranca una sonrisa torcida. Esas ganas de pelear, me
digo siempre, esas ganas. Si los
desgraciados que nos hunden cada día más en la ruina le dieran una oportunidad
a esa gente. La de cosas que se harían con esas ganas de pelear.
---
Sin embargo, pese a conocer de primera mano las
vicisitudes del españolito bregando en el extranjero, hoy también quiero romper una lanza
por todos los que se han quedado. Por todos
los que os quedáis. Seáis esos fulanos con desparpajo y arrojo o seáis quizá
más tímidos pero con la misma ilusión por un futuro mejor. Quiero romper una lanza por
todos los que os levantáis cada mañana al sur de los Pirineos y desayunáis
leyendo escándalos de guante blanco, oyendo a cantamañanas anunciar reformas
que os ahogan y viendo la dureza de una tormenta que no amaina. Por todos los
valientes que por no poder o no querer salir os quedaréis otro año en la Península a batiros el
cobre, a intentar tirar para adelante para, con suerte, ver la luz al final del túnel.
Lo último que os hace falta es que venga un
emigrante –yo no soy expatriado, que no se engañe nadie, para eso me faltan
privilegios, puesto y pasta– a daros palmaditas en la espalda. Aún así,
insisto: os tengo por gente brava que se parte la cara por dejar de respirar un aire
viciado a rancio bipartidismo y mediocridad.
Yendo más allá, yo, como todos los que hemos salido, me dejé pedacitos
de mí mismo al despegar. Esa sensación al sentarte en el avión y notar como una parte de ti ni ha embarcado ni lo hará jamás. Esa melancolía que te envuelve y te empapa, calándote hasta los huesos.
No conozco a ningún exiliado económico –serán por
eufemismos– que pueda decir que se marchó sin dejarse nada en tierra y sin echar, antes o
después, una mirada de refilón hacia atrás. Parejas, familia, amigos,
compañeros, incluso mascotas. No siempre en ese orden pero siempre esos mismos
actores. Vosotros sois esos actores.
Vosotros sois nuestra morriña.
Vosotros sois la envidia por el buen comer, las terrazas, la calidez en el trato.
Vosotros sois la razón para que volvamos por Navidad.
---
El 2012 echa el cierre y, si los Mayas lo permiten
–yo no he hecho planes para Nochevieja– durante las próximas cuatro semanas
nuestro país volverá a contar con todos sus efectivos. Cual si fuéramos esa selección
que últimamente parece invencible, nuestra plantilla volverá a estar al completo.
Quizá el presidente sea incompetente, quizá los entrenadores ya no tengan
margen de acción, pero nosotros estaremos sobre el campo para darlo todo. La
escena se repetirá en aeropuertos de toda la geografía patria: padres, hermanos o amigos esperando a la salida con los brazos abiertos. Ese maldito “cuánto tiempo”.
Me ilusiona saber que entre Navidad y el Día de
Reyes los que marchamos y los que os quedasteis compartiremos de nuevo calles,
ciudades e historias. Nos contaremos las penas y buscaremos consuelo en la
complicidad de quienes tan bien nos conocéis. Volveremos a reír recordando
viejas batallas. Volveremos a estar juntos en ese bar o quizá nos tengáis que
llevar a uno nuevo porque los tiempos han cambiado, las tascas cierran o simplemente porque habéis descubierto un sitio mejor. Un nuevo rincón, nuevos rituales de barra. Volver a ganarnos a camareros, dueños, descubrir la especialidad de la casa, sentarnos en vuestra mesa y hacerla nuestra.
Después de varios días, después
de varias rondas, apuraremos una última caña cuyos sorbos finales tendrán un sabor amargo. Esa
última rubia antes de darnos un abrazo, mirarnos a los ojos y
decirnos que ojalá nos viéramos más a menudo.
Hasta entonces tenemos unos días para cerrar filas y recargar
fuerzas. Quizá llegó la hora de sacar provecho de la situación. Llegó el momento de que los que estamos fuera os contemos cómo hacen las cosas los guiris cuando juegan en casa. Llegó el momento de que los que seguís en casa nos expliquéis de dónde sacáis las fuerzas para aguantar
el chaparrón que está cayendo. Incluso puede que, entre ronda y ronda, cuando las luces sean tenues, cuando vaya a amanecer, cuando cerremos una noche como las de antaño, nos confeséis pequeños secretos sobre los que construir una esperanza
que nosotros, desde la distancia, no alcanzamos a ver.
Nuestras experiencias en nuevos países,
vuestra veteranía en este viejo conocido. Por unos días, todos compartiendo la misma tierra. Juntos y revueltos.
---
Saldremos adelante.
Lo digo por los
exiliados forzados y por los parados varados. Lo digo por los
que están tragando horas extra limpiando hoteles en París y por los que a veces
ya no tienen ni fuerzas para echar currículum en Madrid. Lo digo por vosotros. Por nosotros.
Por todos, amigos. Lo digo por todos.
Eres un grande!! Ya hay ganas de compartir cañas contigo y, por qué no, sangría y huevos kinder!
ReplyDeleteJajaja, los huevos kinder que no falten! Igual un día les dedico una entrada y todo: "El día que le regalé mi juguete al profesor."
ReplyDeleteNo sé si seré grande pero sí sé que contigo me siento menos pequeño.
Te mando un fuerte abrazo!
Gran entrada! Ojalá consiguiese escribir algo la mitad de digno, en un día como hoy en el que llevo media mañana mirando la pantalla en balcn ode Wordpress incapaz de pulsar una sola tecla.
ReplyDeleteUn saludo de otro emigrante, en este caso por Londres, que por primera vez en 33 años no pasará las navidades en su casa.
Hola Guirilandia!
ReplyDeleteGracias!
Hay días en los que las palabras fluyen casi a borbotones y tus manos rebotan en el teclado sin descanso, sin tegua y sin piedad, y luego están los lunes. No puedo con ellos. Ni lo intento.
Espero que todo te vaya bien por Londres y que, pese a no bajar a España, tengas buenas fiestas y en buena compañía.
Un saludo!
Gran texto, querido Steve. Este país se hunde y, por burro que parezca, los de arriba están jugando a ver cuánto aguanta la gente antes de salir a la calle con palos. Siento pena por esta nación y por quien la gobierna; por la mentalidad general de 'tonto el último'; por la creencia arraigada de 'como aquí, en ningún sitio', y por ese absurdo orgullo de ser español. Borges decía que un patriota es un ignorante que se siente orgulloso por haber nacido en algún sitio.
ReplyDeleteMe encanta España y sé que se podría vivir muy bien allí, pero es preciso un cambio de mentalidad, y no solo de los de arriba.
Esta noche no comeré las uvas en mi país, y no lo echaré de menos (si acaso a la familia y a un par de amigos. Ellos son mi patria). Me sentaré a orillas del Tajo, en su encuentro con el Atlántico, y sonreiré por haber pasado otro año sin dejar que cuatro corruptos me amedrenten.
Ojalá nos veamos pronto y nos tomemos una cerveza bien fría. Yo me planto allí arriba en un plis, así es que vete preparando.
Abrazos y magia para el 2013,
Rafa