100 motivos (o más)


Vaya palo. Hace un año celebrando el Euro-Betis y mira dónde estamos. Una plantilla que duele por su falta de entrega, un banquillo convertido en silla eléctrica y un consejo que parece una amenaza. Y a Segunda.
Qué mal le sabe la plata a quien ha probado la miel: miel de éxito, de respeto, de ilusión. Miel de buen juego. La plata sólo agudiza el agujero que dejó Mel. La plata, maldita sea, será el campo de batalla del año que viene. Los hay que fichan diamantes, otros ficharán cada fin de semana en las trincheras de segunda línea del fútbol español.

Monstruo


El fuego se movió rápido. Muy rápido. Lo cazó cuando intentaba llegar al segundo piso de una casa que no era la suya. Cuando las llamas le besaron, llevaba a la niña en brazos, no pudo cubrirse la cara.

Estás a tiempo

Conozco a muchos jóvenes que han renunciado por completo a sus sueños. Los afortunados han quedado amarrados a un trabajo. Un trabajo "de lo que sea" mientras dé para comer. No tienen hijos, no se casan, no se emancipan. No se plantean buscar algo mejor, crecer, no montan su empresa, no hacen nada que no sea poner el culo y agachar las orejas. Renuncian por miedo, amedrentados por el martillo pilón de las cifras del paro. La cartilla del INEM es la espada de Damocles del siglo XXI. Esa terrible sensación de vértigo al pensar que si pierdes el trabajo no podrás encontrar otro. De allí el derrotismo laboral: para qué invertir y montártelo por tu cuenta si en esta monarquía bananera los que paguen, que no serán todos, lo harán como poco a 90 días; para qué cambiar de empresa si en todas me van a machacar. Para qué voy a hacer nada. Cuánto menos destaque, en menos fregados me meto. Voluntario, ni al rancho.

El espíritu de Juanito

Panem et circenses es una expresión antigua, fíjense que está en latín y todo, forjada durante las horas bajas del Imperio Romano -para los de la ESO: después de los dinosaurios pero antes de la Guerra Civil- que todavía funciona en pleno siglo XXI. Basta con percatarse, por ejemplo, de que durante algunas fases del año hay partidos de fútbol siete días a la semana. Liga, Copa, Liga de Campeones y UEFA -o "Champions y Europa League" si hablan inglés. De lunes a domingo, previas, tertulias, debates, crónicas, encuestas, comentarios, rumores. O sea, para todos los gustos. Un no-parar balompédico, un continuo frenesí goleador.

Mamá


Al poco de nacer no tenemos ninguna duda. Por algo será que nuestra primera palabra es "mamá".
En aquellos primeros meses, Mamá es la Verdad absoluta, la calma en un abrazo, el sueño en una nana. Mamá lo es todo.

Luego descubrimos que el mundo es más grande, que hay más personas y muchas trastadas por hacer. Crecemos, nos autoproclamamos independientes y mamá deja de ser el centro del universo. Ponemos un cartel de "no molestar" en la puerta de nuestro cuarto y, pasados unos años, abandonamos el nido. "Ella me ayudó a dar los primeros pasos pero ahora puedo caminar por mi cuenta".
En efecto, puedes caminar o incluso correr más rápido que ella. Puedes saltar, comer, ducharte y vestirte solo. Es más, no te ruborices, pero eres capaz de sentarte en el trono y gestionar tus cositas sin la ayuda de nadie. Sin embargo, no siempre fue así. Aunque ya no te acuerdes, hubo una época en todo lo que hacías pasaba por sus manos. Para que te hagas una idea, tu madre es la mujer que más veces te ha visto en pelota picada. Con diferencia. No lo olvides.

Ser madre es guiar nuestras primeras aventuras, admirar nuestros garabatos -a ser posible sobre papel y no sobre gotelé- y disfrutar de nuestra dulce inocencia infantil. Ser madre también es vernos tomar nuestras propias decisiones, luchar por nuestros sueños y convertirnos en hombres hechos y derechos. Ser madre es un orgullo.
Todas las mujeres del mundo son madres en vigencia o en potencia; todas tienen la llave para alcanzar el sentimiento más profundo de cuantos se pueden describir: el amor de una madre por su hijo. Ser madre es un viaje increíble a lo más profundo de dos corazones unidos. Amor incondicional, amor imperativo.


Súper-dúper-tupper guay


Hace unos días las redes sociales volvieron a hervir con la palabra “tupper” de protagonista. El jaleo vino por el texto en el que uno de los referentes de la blogosfera española, Kurioso, contaba que un bufete de abogados le había mandado una carta en la que le instaban a retirar una de sus entradas “por menoscabo a la distintividad de la marca”. Tal cual.

Más allá de que la palabra “distintividad” no exista en el diccionario de la RAE –es lo bueno que tiene estudiar Derecho, puedes alargar palabras, retorcerlas, complicarlas, cualquier cosa con tal de meterle miedo al personal– lo hermoso del asunto fue que el bloguero en cuestión –ochenta mil seguidores en Twitter– no se amedrentó y contestó con un elegante “verdes las han segado”. Elegante, bien explicadito y de paso les presentó a los abogados a una tal Barbra Streissand. Un ejemplo de manual. Precioso de tan previsible.

Papá



Por la primera vez que te tuvo en sus brazos. Su corazón se aceleró, emocionado, el tuyo se relajó, sosegado.
Por la primera vez que te vio en brazos de tu madre, dormido, y despertó en su interior una intensa sensación mezcla de alegría, orgullo, nervios. Esa hermosa losa de responsabilidad cayendo sobre sus hombros, hombros de padre de familia.

Por todo lo que aprendiste con él.
Por todo lo que te queda por aprender si tienes la suerte de tenerlo a tu lado.
Por su memoria, por su recuerdo, por la herida abierta si la desgracia truncó su camino. Por la nostalgia al recordar su olor, su voz, sus ojos leyéndote el alma. Por la huella indeleble que dejó en tu vida.

La cara A


Durante mi última visita a Alicante encontré una vieja cinta con una única etiqueta manuscrita que dice "Cara A -96". Sin más. Sin dar pistas. Sin añadir detalle alguno de las sorpresas que puede contener. El propósito de la etiqueta es simplemente informar del año y diferenciar las dos caras, de plástico negro, sorprendentemente semejantes. No sé por qué no estaba con las demás supervivientes, de no ser por mi letra ni siquiera estaría seguro de que es mía.
Me pregunto qué sentiré al pasearme por sus noventa minutos, qué se ha estado callando desde el 96. Sea lo que sea, sé que me producirá una intensa punzada de nostalgia. Me espera un viaje a los días en los que yo holgazaneaba plácidamente al calor del mediterráneo, mucho antes de migar al Norte. Me espera una punzada de 17 años de profundidad. Ha llovido. Ha nevado.